Cuento con... la Vida. Obra Original de Rosa Martha Sánchez Rodríguez - Página 30

ayudaban unas a otras, se untaron manteca en sus quemaduras, y no faltó una de ellas que coquetamente se acomodó lo que quedaba de su chamuscada trenza y como si nada hubiera pasado fueron a menear la olla de los frijoles y a empezar a echar las tortillas.

Ya era más de la media noche cuando se escuchó algo a lo lejos, las mujeres de despabilaron, escucharon atentas, si, era el galopar de los caballos –¡Son ellos!– Gritaron –¡Ya vienen, ya regresan!

Los hombres fueron recibidos con mucha alegría, venían cansados asoleados hambrientos, algunos hasta heridos, pero venían todos no habían tenido bajas, y el Niño el cañón también había sido recibido en júbilo porque gracias a su certero cañoneo los rebeldes habían abandonado sus ventajosas posiciones y las vías férreas habían quedado libres para que el ejército avanzara sin ningún peligro.