Corazón joven

Rafael Ángel Troyo Pacheco

Despacio, despacito, la tía Gabriela descendió las gradas de mármol que conducían al vestíbulo y entró al jardín, sonriendo la satisfacción, bajo la caricia de un sol que hacía resplandecer la blancura de su cofia almidonada. La mañana muy fresca. Una mañanita del mes de mayo, con un espléndido cielo azul, y en plena fiesta en el campo verde, donde había fuertes estremecimientos de alas bajo los follajes, y perfumados alientos de rosas y tomillo. Delicioso aquel salvaje desbordamiento de verdura y después de crudo invierno, que había deshojado los árboles y desgranado el rosario de los recursos del triste pasado de la viejecita, en las frías veladas de los días de nieve... (Fragmento)