Resurrección

José María Rivas Groot

Pablo ya me esperaba en su bote, que se mecía sobre el agua dormida. Bajé la escalera del Casino y me senté en la proa. Mi amigo arrojó al agua el cigarrillo; con su destreza de oficial de marina empuñó los remos, afianzó los pies en el travesaño, echó el busto de atleta adelante, y con un movimiento rítmico que lo hizo vibrar del talón a la nuca, arrancó vigorosamente y lanzó el bote hacia el centro del lago. Remamos un rato, conversando, mirando los castillos de las orillas o saludando al paso los botes cargados de músicos, de mujeres, de flores, que cruzaban dejando en el ambiente una estela de notas, de risas y de aromas... (Fragmento)