El hombre que salía de la nariz

Ambrose Bierce

A veces un hombre sale de la nariz, gira, pasa por el lugar en donde debería estar la oreja derecha y, abriéndose camino por entre la multitud de niños y cabras que obstruyen el estrecho sendero entre las puertas de sus vecinos y el borde de la terraza, llega a la calle descendiendo por un tramo de escaleras desvencijadas. Se detiene allí para consultar su reloj y cualquier desconocido que acierte a pasar en ese momento se sorprenderá de que un hombre semejante se interese por saber la hora que es. Una observación más detenida demostraría que la hora del día es un importante elemento en los movimientos de ese hombre, pues 365 veces al año sale exactamente a las dos en punto de la tarde... (Fragmento)