Yagé. El despertar de Leo

Juan Camilo Medina Gómez

Mi padre saca el revólver que parece estorbarle de entre sus piernas, lo desenvuelve de la bayetilla roja y se lleva el reluciente Colt a la sien, hala el martillo, el tambor gira y se ve la maldita bala que encaja para ser expulsada; grito con todas las fuerzas de mí alma para que se detenga pero es inútil; el estúpido borracho está decidido y presiona entre risas el gatillo sin que le importase que sus siete hijos presenciáramos su macabro acto, en aquel maldito día que por desgracia cumplía mis apesadumbrados ocho años de edad. (Fragmento)