Entre el cielo y la tierra

Joaquina García Balmaseda de González

Con el pudor propio de la mujer para expresar sus afectos, aún teniendo el corazón herido profundamente, descúbrense con timidez en algunas inspiraciones de nuestra poetisa huellas de crueles amarguras, de íntimos dolores, que la natural discreción de un noble pecho pretende ocultar, pero que insensiblemente se dejan traducir en lastimeros ayes, como a veces una lágrima furtiva suele hacer traición, sin que la podamos reprimir, a la sorda tempestad que agita el fondo de nuestra alma... (del Prólogo)