La torre de Babel (Un cuento de circo)

Carolina Dafne Alonso Cortés

Una salva de aplausos subrayó la actuación de la pequeña écuyere, y hasta la gigantesca carpa pareció llegar el entusiasmo del público. La gracia de aquella niña de largos cabellos dorados como las mieses de julio, que llevaba sueltos sobre la menuda espalda, llenó de emoción a todos los espectadores. Sus ojos de un azul intenso habían impresionado a hombres y mujeres, y su alegre sonrisa había cautivado a los niños. Era una sonrisa con una mezcla de gratitud, la que sólo los artistas de circo saben enviar como un mensaje de alegría a lo largo de caminos, pueblos y ciudades del mundo... (Fragmento)