La criatura

Guy de Maupassant

Lemonnier se había quedado viudo con un hijo. Durante los años de su matrimonio, consagró a su esposa un cariño fanático, ciego, una ternura sin igual, un amor exaltado, sin desfallecimientos, creciente de día en día. Era un hombre bondadoso y honrado, sencillo, muy sencillo, sin doblez alguna; sincero hasta la exageración, sin desconfianzas y sin malicias... (Fragmento)