Los ahorcados del cuarto menguante

Enrique Cerdán Tato

A Sabrino Saña, la lividez se le vino de la misma tierra escarchada aún de vigilias y fue transfigurándolo talmente en presencia del pelotón de fusilamiento. Que vais a matar a un cadáver. Y supo también en aquel instante, que iba a quedar en la memoria de las gentes como un héroe. A Sabrino Saña, la repentina y vaporosa idea de su hipotético heroísmo lo confundió fugazmente: era tanto como colarle de matute un fraude más a la posteridad, ¡qué cosas!... (Fragmento)