El amor constante

Guillén de Castro y Bellvís

Llevaba un purpúreo lustre, un hermoso rostro bello, que le juzgara por vivo, a no saber que iba muerto. No pude saber quién era, y deseando saberlo, lleguéme más, y en la boca, llevaba escritos dos versos: Aquí yace mi ventura, y aquí dio fin el silencio... (Fragmento)