Aixa, el cielo de pandora

Mohamed Bouissef Rekab

La muchedumbre no dejaba de gritar vivas al rey junto a otros eslóganes; de levantar los brazos con energía, los puños apretados y amenazando con «armar el mayor jaleo de la historia de la ciudad» en las narices de la recién creada policía nacional, si no le dejaba hacer lo que quería: los jóvenes policías eran los nuevos y flamantes elementos de la seguridad del Estado, hombres apenas salidos de la adolescencia que encontraron una salida a la miseria en la que pasaron los primeros años de su vida junto a sus padres... (Fragmento)