El aderezo

Carolina Dafne Alonso Cortés

EL PUEBLO donde ejerzo la medicina no es gran cosa, pero a mí me gusta. Es un pueblo serrano y, en medio de un mundo lleno de gases tóxicos de los tubos de escape, todavía puede respirarse allí. No lo cambiaría por otro, y puede servirme de prueba el que llevo casi treinta años viviendo en él; diré que una generación entera ha venido al mundo auxiliada por mis pobres manos, lo cual puede ser un timbre de gloria, o un error. Era un radiante día de primavera, cuando mi paciente la señora Ramos apareció muerta en su dormitorio, con la cabeza destrozada por una gran piedra, que luego hallaron manchada de sangre en el corral... (Fragmento)