El secreto de Wilhelm Storitz

Julio Verne

Y tan pronto como puedas, apresúrate a venir, mi querido Enrique; te aguardo con impaciencia. Por lo demás, el país es magnífico, y esta región de la Baja Hungría es muy a propósito para despertar el interés de un ingeniero; aunque no sea más que desde este punto de vista, no te pesará haber hecho el viaje. Tuyo, Marcos Vidal. Así terminaba la carta que recibí de mi hermano el 4 de abril de 1877. Ningún signo premonitorio señaló la llegada de esta carta, que llegó a mis manos del modo habitual, es decir, por la mediación sucesiva del cartero, del portero y de mi criado, el último de los cuales, sin sospechar siquiera toda la trascendencia de su acción, hubo de presentármela en una bandeja, con su acostumbrada tranquilidad... (Fragmento)