El regreso

Joseph Conrad

Parece mentira que una novela corta (o relato largo, como prefieran) pueda contener una historia tan real, tan cruda y tan bellamente expuesta. Que Joseph Conrad es un magnífico escritor ya se ha comentado aquí, pero que su capacidad de expresar con palabras la enormidad de determinados sentimientos humanos sea tan perfecta, es algo asombroso.

“El regreso” es, en ese sentido, una pequeña obra maestra, que casi parece una obra teatral (no en vano se ha trasladado al cine) si no fuera porque el diálogo de los dos únicos personajes funciona mejor con sus silencios que con sus palabras. La historia se construye en torno a un hecho anecdótico: Alvan Hervey vuelve a su hogar y encuentra una carta de su mujer en la que le confiesa que se ha fugado con su amante, un amigo de ambos; cuando Alvan comienza a encajar la noticia, su mujer reaparece, argumentando que no ha sido capaz de cometer un acto tan vil. A partir de ahí, un enfrentamiento entre ambos desembocará en un curioso intercambio de pareceres y en un final certero e imprevisible. Todo ello, eso sí, desde el punto de vista de Alvan, pues el narrador de la historia apenas presta atención a los pensamientos de la mujer, a la que ni siquiera se cita por su nombre, en una pirueta narrativa que la sustrae de las emociones implícitas en el relato.