El sacerdote de Ptah

Emilio Salgari

Mirinri, Ata, Ounis y los etíopes, presa de una emoción difícil de describir, se habían apresurado a huir refugiándose en la escalera que conducía al serdab, cuya puerta de bronce cerrada por Nefer no permitía subir más que hasta el rellano. Un espectáculo terrorífico había tenido lugar en la inmensa cripta: las tapas de los sarcófagos, que debían encerrar a las momias de los antiguos reyes nubios, comenzaron a chirriar y poco a poco se iban levantando como si los difuntos fuesen a resucitar. ¿Eran las sombras de los muertos que Nefer había pretendido encerrar en sus tumbas y que volvían a salir, aquellas terribles sombras que asustaban a los ribereños del río?... (Fragmento)