Honorina

Honoré de Balzac

Si los franceses tienen tanta repugnancia por los viajes como los ingleses afición, acaso tengan tanta razón los unos como los otros. Es fácil encontrar en cualquier parte algo mejor que Inglaterra, mientras que es completamente difícil encontrar lejos de Francia los encantos que ésta encierra. Los otros países ofrecen admirables paisajes, y suelen presentar un confort superior al de Francia, que en este género hace lentos progresos. Desplegan una magnificencia, una grandeza, un lujo deslumbrador; no carecen de gracia ni de formas nobles; pero la vida intelectual, la actividad de las ideas, el talento de la conversación y ese aticismo tan común en París; pero ese súbito conocimiento de lo que se piensa y de lo que no se dice, ese genio para adivinar ó sobrentender frases no expresadas, ese algo que constituye el mayor encanto de la lengua francesa, no se encuentra en ninguna parte. Por eso los franceses, cuyo carácter bromista es tan poco conocido, se ponen pronto mustios en el extranjero, como un árbol trasplantado. La emigración es un contrasentido en la nación francesa. Muchos franceses, especialmente aquellos á quienes aquí nos referimos, confiesan que experimentan cierto placer al ver á los aduaneros del país natal, cosa que puede parecer la hipérbole más atrevida del patriotismo... (Fragmento)