Allouma

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Guy de Maupassant

Sus ojos, encendidos por el deseo de seducir, por esa necesidad de vencer al hombre, que hace que la impura mirada de las mujeres sea tan fascinadora como la de los felinos, me llamaban me llamaban, me encadenaban, me dejaban sin valor para resistir, despertaban en mí un ardor impetuoso que me sublevaba. Fué aquélla una lucha corta, sin palabras, violenta, entre las pupilas solamente, la eterna lucha en que forcejean los dos brutos humanos, el macho y la hembra, y en la cual el macho es siempre vencido. (fragmento)