Gran caída de la indecorosa vieja

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Alberto Laiseca

En el año doscientos de la Egira, ya existían los ómnibus en aquel remoto reino de las profundidades de Arabia. ¡Yah, Alah!: ayúdame para que por lo menos, por respeto al Diván, con su nube de emires, califas, sultanes, cadíes, imanes, derviches, calendas y creyentes, yo diga la verdad siquiera esta vez. Sea yo veraz, aunque Dios mienta... (Fragmento)