Dulcinea encantada

Angelina Muñiz-Huberman

Un día, yendo en automóvil por el Periférico, y apenas escuchando las palabras de los otros viajeros, te llega la revelación. Sí, la revelación. La revelación o sensación de que has descubierto algo. Creías no tener memoria de las cosas, creías carecer de recuerdos. Porque nada más vivías de los que te habían trasmitido, de los que te habían contado. Pero, de pronto, entre palabras de fondo que apenas entiendes, ocurre la revelación: sí tienes recuerdos. Recuerdos tuyos. Que te pertenecen. Que no son de nadie. Tuyos. Exclusivamente tuyos... (Fragmento)