Don Quijote, enseñar para la aventura

Miguel José Pérez
Julia Encisa Orellana

El deseo de indagar, de saber, por sí mismo, y de no conformarse con las respuestas que recibe porque no le convencen, se plantea ya desde el principio en este diálogo. Y es que, a cada una de las respuestas que recibe, el muchacho responde con otra pregunta que deshace con toda la lógica de la razón más elemental la respuesta recibida: ¿hasta dónde llega?, ¿por qué lo hicieron?, ¿nadie va a ver a dónde va? Hasta que al final afirma con una resolución decidida que encierra una firme decisión interior de averiguarlo por sí mismo: Si no habéis ido nunca, no podéis saberlo. Y el muchacho, al que no le molestaba que le llamaran «Martín Testarudo», «continuaba pensando en el camino que no iba a ninguna parte». Esa decidida decisión, y firme, evoca la decisión de don Quijote... (Fragmento)