Unidos

Rainer Maríe Rilke

Sophie sirvió té a su hijo. Su mano fina y elegante temblaba levemente. En silencio, el enfermo estaba sentado frente a ella en el sillón tapizado. Tan sólo sus manos blancas tenían vida propia, febril sobre los oscuros apoyabrazos del sillón... (Fragmento)