Kismet

Rainer Maríe Rilke

Ancho y pesado, Král el fuerte estaba sentado al borde del camino de tierra surcado de carriles. Tjana se acurrucaba junto a él. Tenía apretado su rostro de niña entre sus manos morenas y aguardaba, con los ojos muy abiertos, espiando en silencio. Ambos contemplaban el crepúsculo de otoño. Delante de ellos, en el prado pálido y pobre, estaba parado el carromato verde; lanas multicolores flotaban suavemente sobre su puerta... (Fragmento)