Vanina Vanini

Stendhal

Toda Roma estaba en movimiento: el duque de B., el famoso banquero, daba un baile en su nuevo palacio de la plaza de Venecia. Para embellecimiento del mismo, se había reunido en él todo lo más espléndido que el lujo de París y de Londres puede producir. La concurrencia era inmensa. Las rubias y circunspectas beldades de la noble Inglaterra habían recabado el honor de asistir a aquel baile; llegaban en gran número. Las mujeres más hermosas de Roma les disputaban el trofeo de la belleza. Acompañada por su padre, llegó una joven a la que el fuego de sus ojos bellísimos y su cabello de ébano proclamaban romana. En toda su apostura, en todos sus gestos, trascendía un singular orgullo... (Fragmento)

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