Creció espesa la yerba

Carmen Conde Abellán

Exactamente, cambiando las ropas, es como ella fue; una muchachita de unos dieciocho o veinte años, rubianca, de estatura mediana, delgaducha, pero con cierta gracia. Va vestida como van casi todas: pantalón tejano, blusita blanca, zapatos deportivos, sin medias; y una mochila mediana, cuadrada, que cuelga liviana de uno de sus hombros. El pelo, semilargo; unos grandes ojos claros intactos que ansían poblarse de imágenes distintas. Está a un lado de la carretera y no hace señas a ningún coche. Espera sencillamente.
Va disminuyendo velocidad, curiosa, hasta detenerse ante ella, que la contempla tranquila.
-¿Quieres subir? -dice.
Y la chica se sonríe alegre y abre la puerta y se mete... (Fragmento)