El honor castellano

José María Amado Salazar

Una noche tempestuosa del mes de enero de 1366, dos caballeros cruzaban el extrecho sendero que separa el valle de Altamira de, la antigua villa de Cabezon, para dirijirse al castillo de este nombre, que la oscuridad no les permitia distinguir todavia. La lluvia caia á torrentes, el viento silbaba con furor, y el cielo cubierto de negros nubarrones, tan lejos de tranquilizar á los fatigados viajeros, parecia anunciar una nueva borrasca, mas terrible que la que acababa de ofrecerse á su vista. Envueltos en largas capas que solo descubrian la punta de una ligera espada, y montados en dos soberbios caballos, cuyo paso firme y seguro en medio de los rigores de la noche, manifestaba una raza privilegiada; ambos viajeros caminaban silenciosos entregados á sus pensamientos, y sin cuidarse al parecer de los peligros que aun les amenazaban.... (Fragmento)