El son del corazón

Ramón López Velarde

Una música vaga, desentonada y en sordina que alcanza a los oídos a través de un paisaje quieto, pero rico de olores y colores; una zurda orquesta que descompasa la obra de un genio, como aquella chirimía de indígenas que encontré una tarde magnífica de Tabor y de amor, acompañando a un cadáver al cementerio, y moviéndose en los surcos morenos, al ritmo antitético y apenas reconocible de la Marcha Fúnebre de Chopin; algo del encanto equívoco de estas evocaciones producen los versos de Ramón López Velarde.