El silencio

Leonid Nikoláievich Andréiev

Una noche clara de mayo en la que cantaban los ruiseñores, en el estudio del pope1 Ignacio penetró su mujer. En su rostro se dibujaba un aire de pena, y la lamparita temblaba en su mano. Se acercó a su marido y, tocándole con la mano, le dijo con lágrimas en los ojos:
-¡Pope, vamos a ver a nuestra hijita Vera!
Sin volver siquiera la cabeza, el pope miró fija y largamente a su mujer por encima de sus lentes, y no dijo nada... (Fragmento)