El hombre existe en medio de un fermento universal de ser, y no sólo necesita plasticidad en sus costumbres y propósitos, sino que también la encuentra en el mundo que lo rodea. La vida es un equilibrio, mantenido unas veces gracias a que se aceptan las modificaciones, y otras gracias al hecho de imponerlas. Puesto que el órgano con el cual se desempeña toda actividad es un cuerpo que se halla en relación con otros objetos materiales, objetos que los instintos de la criatura muchas veces lo impulsan a tomar o a transformar, los cambios en las costumbre y propósitos de ésta dejan su marca en todo cuanto toca. En su medio vital debe de haber necesariamente numerosas huellas de su presencia, de las cuales observadores inteligentes pueden inferir algo acerca de su vida y acción... (Fragmento)