El cacique de Turmequé

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Tan grandes habían llegado a ser los desórdenes y abusos de la magistratura española en el reino de Nueva Granada, hacia el año de 1579, que atravesando los mares el ruido del escándalo resonó dentro de los muros del regio alcázar, obligando a Felipe II a elegir con premura un visitador, o juez de residencia, cuya honradez, integridad y energía pudieran detener los progresos de aquel mal, que amenazaba hacer para siempre odiosa la administración de la madre patria en sus ricos dominios del vasto continente americano... (Fragmento)