El hipócrita

Molière

No se me esconde cuán apartado va de un autor un intérprete, por exacto, elegante y puro que éste sea; pero aquel que atienda a las muchas dificultades que la traducción de una comedia de Molière ofrece, todavía verá que es acreedor a elogio quien todas las haya superado. Est tamen hic quoque virtus. Yo no sé si lo he conseguido, pero sé, a lo menos, que esta versión no está escrita en lengua franca; idioma que tantos hablan en el día, y en que allá ellos se entienden. Declamen cuanto quieran en buen hora contra los que saben el castellano aquellos que no le han estudiado; yo confieso que me agrada más el estilo lírico de Rioja que el de Salanoba, y hallo más que imitar en los buenos trozos de La Bella malmaridada o en La Escolástica celosa de Lope que en lo más selecto y atildado del Hombre singular o Catalina primera. Nuestro traductores y muchos de nuestros autores no han venido a caer en cuenta de que como el latín se aprende en los autores latinos, ni más ni menos el castellano se aprende en los castellanos; verdad recóndita sin duda, que, si no les es dable empero alcanzar a ella, no errarán en admitirla como cierta, cuando no probada. Así, en vez de escribir contra los que leen nuestros autores clásicos, los estudiarán, y sabrán alguna de las lenguas de Europa. (José Marchena)