El sutil cordobés Pedro de Urdemalas

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo

Pedro, aquel tejedor más de embustes que de telas, tan reverenciador de la verdad que, por juzgarse indigno de ella, jamás la puso en los labios, dulce conservero de patrañas, delgado en la imaginativa para su invención, rico en la elocuencia para su adorno y osadísimo en el ánimo para sus ejecuciones, entró en Granada cuando el noviembre, sin dar mal ejemplo, roba a los árboles su abrigo, quitándoles a los pájaros el deseo de visitallos, porque de los pobre[s] todos huyen... (Fragmento)