La palma rota

Gabriel Miró

Cuidaba Luisa de todo en el hogar, desde que murió su madre y su hermana. Quedaron rotos los dulces coloquios de doncellez. La plebeya condición espiritual de un hombre, su amor primero, le selló alma y labios. No tuvo ya intimidades ni expansión aliviadora de ensueños y aflicciones. Tornose desconfiada, fría, y gustaba mostrar aumentada su impasibilidad. El apartamiento y la adoración a la música la acendraron exquisitamente. Era altiva; y llegaba a rendirse de ternura por lo que no atendían los demás... (Fragmento)