El espadachín

Antonio Barreras

A un cuarto de legua al Noroeste del pueblo de Fuencarral existe todavía el monasterio de Valverde, en el fondo de una campiña severa y desnuda en la actualidad; pero que en la época a que esta narración se refiere, se hallaba cubierta de exuberante vejetación, al calor de la prodigiosa actividad que los monjes imprimían a la comarca de su residencia.
Entre la suma de gracias temporales que la conventual mansión debía al Todopoderoso, se contaba una, que no por modesta, dejaba de ser de inapreciable estimación, tanto para los regulares que allí esperaban sin impaciencia el término de las miserias de la vida, como para los viajeros que, arrebatados por el huracán de las pasiones del siglo, se detenían algunos momentos en el peristilo del santo lugar.
Aludimos al agua del aljibe del convento... (Fragmento)