La cámara del tesoro

Heródoto de Halicarnaso


Los cuentos de tradición oral poseen una “composición”, un arte combinatorio sin el cual sería imposible su transmisión a lo largo de generaciones. Uno de los mejores ejemplos de conservación oral de un cuento popular es el que Heródoto registró sobre el constructor de la Cámara del tesoro del rey Rampsínetos, nombre que quizás designa a Ramsés III. El arquitecto diseñó el edificio del tesoro de tal manera que pudiera removerse una de las enormes piedras. Antes de morir, reveló a sus hijos el secreto. Los jóvenes penetraron varias veces en la cámara del tesoro y el rey se dio cuenta de los robos; tendió una trampa con redes y uno de los hermanos cayó en ella; para no ser reconocido, pidió al otro que lo decapitara. El rey ordenó exhibir públicamente el cuerpo, pero mediante un ardid el otro hermano embriagó a los guardias y lo sustrajo. El rey tendió más trampas, pero el muchacho salió triunfante. Finalmente, el rey le reconoció su gran inteligencia, proclamó el perdón real y le concedió a su hija por esposa. Antes de Heródoto, algunos motivos episódicos de este relato eran conocidos, por supuesto, en la tradición oral griega. Pero esta “versión” fue fundamental para todas las adaptaciones que el relato experimentó en la Europa de la Edad Media y del Renacimiento, en escritos budísticos de los primeros siglos de nuestra era, en una colección de cuentos de la India del Siglo XII y en la tradición oral de Islandia, Europa, Asia central, Indonesia y Filipinas. El Index of tale types de Aarni-Thompson lo registra como cuento tipo 950.

("Arte y trama en el cuento indígena" Carlos Montemayor – Fondo de Cultura económica - México 1995)



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