La zarevna muerta y los siete guerreros

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Aleksandr Sergéyevich Pushkin

Es el primer intento de elaborar una adaptación de aquella leyenda medieval masacrada por la industria del cine, particularmente por Disney: Blancanieves.

Un árbol genealógico de la historia de Blancanieves podría trazarse de este modo grosero: La leyenda proviene de Alemania, y se la conoce como Schneewittchen. Los hermanos Grimm, siempre atentos, recogieron esta tradición y la consignaron debidamente en su volúmen de 1812: Kinder und Hausmärchen (Historias infantiles y hogareñas). El relato circuló por Inglaterra como Little Snow White (Pequeña Blanca Nieve) -rápidamente asociada a Margaret Von Waldeck-, pero fue Alexander Pushkin quien se decidió a construir una trama compleja sobre aquel esbozo medieval. Su forma definitiva es La zarevna muerta y los siete guerreros.

Es interesante destacar que la leyenda de Blancanieves posee un fuerte arraigo en la tradición medieval europea. Aquí yace el valor inamovible de las tradiciones folklóricas: lo circunstancial se modifica, muta en la pluma de cada escriba, pero lo escencial se mantiene intacto. Ya sean reinas, princesas, brujas o hechiceras, el destino de Blanca Nieve es siempre el mismo. Tampoco importa que sus asistentes sean enanos, guerreros -y hasta monjes-, ellos siempre están ahí, igual que el espejo, continuo vocero de vanidades hogareñas.


Fuente: elespejogotico.blogspot.com