Los McWilliams y el timbre de alarma

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Mark Twain

Este cuento comienza con la conversación del Sr. McWilliams y el mismo Twain en el que el primero decide relatarle al autor los motivos por los que se encuentra descreído acerca de la efectividad de las alarmas contra los ladrones. Así, se inaugura un relato que inmediatamente nos instala en el absurdo llevando al límite la capacidad de ejercer “conductas racionales” por parte del Sr. McWilliams ante las permanentes fallas de la alarma que ha instalado en su casa que permite, por el contrario de su supuesta función, que sea robado innumerables veces. Así, el Sr. McWilliams y su esposa aparecen como los prototipos del matrimonio burgués que cree en los adelantos tecnológicos y que ejerce una permanente negociación para solucionar los problemas que se le presentan, negociación que es posible dado que disponen de dinero para realizarla. Tal es el punto al que se llega en la representación de estos rasgos culturales de clase que, por ejemplo, en la primera escena en la que falla la alarma dela familia McWilliams, lo que permite que un ladrón se introduzca en su hogar, el Sr. McWilliams negociará con el malhechor la restitución una vajilla de hojalata a “precio de prestamista”. Así, el Sr. McWilliams seguirá comprando sus propios bienes a quienes intentan robárselos y retando a los ladrones que fumen en su hogar cuando ello se encuentra prohibido. De este modo, creencias, códigos de convivencia, normas sociales y conductas racionales caen por su propio peso en diálogos absurdos que develan las arbitrariedades que los sostienen.


Carolina Cuesta

Sergio Frugoni