Manuela Rosas

Miguel Cané

Mi amigo D. José Mármol retrató en rasgos perfectos a esta pobre criatura, que la fatalidad había colocado bajo el poder paterno de Rosas, el tirano sangriento. Ese retrato, palpitante de verdad, no ha derramado sin embargo, sobre la fisonomía de nuestra compatriota, ninguna de las muchas sombras de dolor que han debido nacer de ese corazón comprimido, domeñado, desde los primeros latidos de su vida; el escritor respetó el santuario de esas impresiones silenciosas, tal vez por piedad de esa infeliz; pero nosotros no debemos dejar de señalar a los hombres, la primera víctima, la más martirizada de todas tal vez, porque también nuestra misión es fatal, y por lo tanto imprescindible... (Fragmento)