La Honrada

Jacinto Octavio Picón

Por su manera de leer y de tocar se podía conjeturar algo de sus respectivos genios. Doña Susana dejaba caer con frecuencia el libro sobre la falda, tomando en su lugar un periódico, que tampoco le duraba mucho entre las manos, pues automáticamente volvía a coger de pronto la novela sin cuidarse de continuarla donde la dejó. Además, prescindía de las descripciones largas, aunque estuvieran bien hechas, saltando páginas hasta encontrar trozos dialogados; otras veces abría el libro de pronto por el último capítulo, para ver en qué paraba aquello... (Fragmento)