La estocada de la tarde

Antonio de Hoyos y Vinent

No era un torero bonito ni un torero de raza. La historia de su triunfo fue la historia de su valor. Llegó porque se jugó la vida en cada suerte con arrojo temerario, porque miró a la muerte cara a cara siempre, sin llegar a verla nunca. Ignoraba el valor de la existencia; no sabía lo que era la vida y la muerte, y en cambio sabía lo que era el hambre y el frío. Tal vez en ello estribaba el secreto de su triunfo... (Fragmento)