Gloria, dinero y mujer

Eleuterio Llofriu y Sagrera

La señora Ruperta era una de esas amas de huéspedes que anuncian en La Correspondencia que necesitan un caballero o dos, tranquilos. Tenía en su casa un grupo de estudiantes bulliciosos, capaces de acabar con la paciencia de un santo, y añadíase a esta legión intranquila el hospedaje de dos redactores de periódicos políticos que se retiraban muy tarde y que con ideas opuestas armaban cada alboroto que hacía temblar los platos en el vasar de la cocina. Cuando este caso llegaba, doña Ruperta se extremecía y entraba en la habitación de los estudiantes obligándoles a que la escribieran otro anuncio para La Correspondencia indicando expresamente que los huéspedes que quería era de los de siete reales con principio y chocolate. Tenía doña Ruperta una sobrina angelical, oculta casi siempre a las miradas de los estudiantes y periodistas, educada en un convento, cándida y pura como el bello ideal de la mujer en la fantasía del poeta... (Fragmento)