Tierra de Nadie-Ninguém

Augusto Casola

Si bien nadie cree seriamente en lo sobrenatural, la fantasía se impone con la fuerza irresistible y primitiva que transmiten los lugares encantados. La imaginación se libera de tabúes y discurre alucinada entre las extrañas formas que adquieren los árboles en la oscuridad de la noche, con sus formas caprichosas de cuentos de hadas, criaturas dibujadas en esa negrura, prontas a adquirir vida si las ilumina el destello fugaz de un relámpago o cuando el sopor agobia la selva hundida en una humedad asfixiante. Esa extraña magia tiene el poder de inquietar al más escéptico, enfrentándolo de golpe a las fuerzas innominadas de la naturaleza que adopta esas formas extravagantes, pues presiente ocultos, otros misterios insondables germinando en el mismo vientre de la selva, en los laberintos secretos de un atavismo del cual resulta difícil escapar... (Fragmento)