La catedral sumergida

Augusto Casola

Augusto Casola (EL LABERINTO, 1972; 27 SILENCIOS 1975) afirma con este libro, LA CATEDRAL SUMERGIDA, una presencia creadora cada vez más definida. Creo que también cada vez más punzante. Su novela inicial anticipaba un diseño narrativo cuyos trazos fundamentales se ven ahora -como es frecuente esperar de un autor joven aunque no siempre lleguen a cumplirse los vaticinios- decididamente firmes. Estos trazos no se agotan en un repertorio funcional de instrumentos formales, en la utilería retórica que corre siempre el riesgo de quedarse o en la sola profusión o en la novedad sola. Implican, en lo esencial, una visión, un ámbito de existencia que resumen una totalidad. Esta visión y este ámbito son, en Casola, la cotidianidad, ese espacio vital múltiple y vario del acontecimiento que se nos enmascara, ocultándose, en una unidimensionalidad falsa, no por equivoca, sino por muda.
El espacio de lo cotidiano es, pues, a mí modo de ver, el lugar en que Casola escoge, no que encuentra, sus significantes. Desde luego, lo cotidiano es el contexto en el que nos constituimos como hombres. Es también el lugar en el que la historia se pulveriza en sus determinantes. Nuestro ser hombres en medio de una historia que nos transcurre -somos su paso, su hueco, su polvareda- se desdobla, traduciéndose con erratas, en la objetividad de lo cotidiano... (del Prólogo)