El laberinto

Augusto Casola

La niña mira disgustada el papel. Muerde con más fuerzas el extremo abollado del lápiz e intenta por tercera vez. Sigue más cuidadosamente los senderos, y sin darse cuenta, en una distracción, se halla girando alrededor de otras líneas ya pasadas, no pudiendo avanzar ni volver atrás. Deja el juego, cierra la revista y sale de su habitación.
Está en el laberinto... (Fragmento)