En el Olimpo

Henryk Sienkiewicz

Y he aquí que en el marco de esta noche sublime aparecen Pedro y Pablo sentados en la cima de un alto cerro, dispuestos a juzgar a los antiguos dioses. Brilla sobre sus cabezas resplandeciente aureola, que ilumina sus canosos cabellos, sus fruncidas cejas, sus severos y penetrantes ojos.
Y allá, en el lóbrego fondo de las hayas y las encinas, destacándose las albas túnicas de los caducos y desprestigiados dioses, que, congregados por el pavor, aguardan el supremo fallo. (Fragmento)