El organista

Henryk Sienkiewicz

Su espíritu vibraba presa de la serena emoción que nace de la alegría, y su corazón rebosaba de inmenso júbilo. Y a fe que tenía motivos sobrados para estar contento. Aquella misma mañana había firmado un contrato con el canónigo Krayewski en virtud del cual entraba en posesión del destino de organista en la parroquia de Ponikly. ¡Organista de Ponikly! ¡Él, que todavía el día antes andaba como un gitano, de pueblo en pueblo, de mercado en mercado, de mesón en mesón, de fiesta en fiesta; él, que no dejaba escapar boda ni bautizo sin apañarse para ganarse algunas monedas de cobre con su oboe o con el órgano, que manejaba mejor que todos los organistas de la comarca!... ¡Organista de Ponikly!... (Fragmento)