El artífice de la belleza

Nathaniel Hawthorne

Un anciano que, con su bonita hija colgada del brazo, pasaba por la calle, emergió de la penumbra de la noche nubosa penetrando en la luz que proyectaba la vidriera de una pequeña tienda sobre el pavimento. Era una especie de ventana salediza, y en su interior estaban suspendidos una gran variedad de relojes de pared, algunos de similor, otros de plata, y uno o dos de oro, con sus esferas vueltas en dirección contraria a la calle, como negándose con grosería a informar a los transeúntes qué hora era. Dentro del negocio estaba sentado un joven, frente al escaparate, con su pálida tez inclinada atentamente sobre una delicada pieza mecánica sobre la cual se proyectaba el concentrado fulgor de una lámpara con pantalla... (Fragmento)

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