Album de poesía colombiana

Juan Gustavo Cobo Borda

La lectura de la poesía colombiana, aunque solo sea la de un siglo, resulta incómoda. En una poesía poco importante. No es que no haya algunos buenos poetas y, lo que es quizá más importante, algunos buenos poemas. Es que la sensación general es de profunda e inalterable intrascendencia. Como el país, también la poesía colombiana resulta pobre. Pobre en recursos. Pobre en imaginación.
"Discreta la contribución indígena en población, mano obra y técnicas; mediana y de difícil logro la riqueza y medianas las formaciones sociales de clases y grupos; con numerosos núcleos urbanos que hasta hoy han evitado el gigantismo urbanístico, Colombia bien puede ser llamado el país americano del término medio, de la aurea mediocritas". Estas palabras de Jaime Jaramillo Uribe 2, hace diez años, bien pueden aplicarse a nuestra poesía. Una línea gris jalona su historia; y entre ese bosque de sonetistas ingeniosos y cantores rotundos, unos pocos árboles vuelven aún más desolado el panorama, no tanto por lo que ellos encierran de plenitud sino por la sombra que arrojan sobre el resto, revelando su carácter de cosa trunca.