Catalina

William Makepeace Thackeray

No creemos sea imprescindiblemente necesario, para la finalidad de nuestra novela, seguir rigurosamente cuantas aventuras ocurrieron a Catalina desde que abandonó el mesón y se convirtió en amante del capitán: porque aunque sería fácil y justo probar cómo ella, siguiendo al elegido de su corazón, no hacía más que ceder a un inocente impulso, y permaneciendo durante un determinado lapso de tiempo con él probaba más que suficientemente el arraigo y la profundidad del afecto que por él experimentaba; aun cuando nosotros pudiéramos presentar elocuentísimas disculpas por los errores que ambos cometieron, tales argumentos y descripciones podrían desagradar profundamente al lector, aparte de que ya le han sido anteriormente presentadas en la novela de «Ernesto Maltravers», ya mencionada... (Fragmento)