Cuentos del hogar

Antonio Trueba

Estoy seguro, amiga María Josefa, de que al leer el nombre de CUENTOS DEL HOGAR que he dado a mi nuevo libro, te figuras que he empezado por trazar un cuadro de familia, donde el venerable abuelo, sentado junto a la lumbre en el secular sillón forrado de vaqueta sujeta con clavos de ancha cabeza dorada, o en el patriarcal escaño de pies, brazos y espaldar laboreados por el candoroso artista campesino, se entretiene y entretiene con cuentos y más cuentos, que escuchan embobados sus nietecillos de cabecita rubia, carita sonrosada y ojillos inocentemente picarescos, y el resto de la familia ocupada en labores domésticas, y no menos atenta que la gente menuda, aunque haciendo aplicaciones y deducciones, mucho más graves y profundas de las que hacen los niños, de las narraciones del abuelo. Si esto te figuras, te encontrarás algún tanto chasqueada, porque quien cuenta los cuentos que te envío soy únicamente yo, desde la especie de tienda de campaña que he improvisado en Madrid como Dios me ha dado a entender para guarecerme con mi familia de la horrible tempestad de fuego y sangre y lágrimas y odio que ruge en aquellos amados valles de allende el Ebro, que tan pacíficos habían permanecido durante treinta años de perturbaciones y rebeliones casi continuas en el resto de nuestra patria... (Fragmento)