La Venus de Ille

Prosper Mérimée

BAJABA la última ladera del Canigó y, aunque el sol ya se hubiera puesto, distinguía en la llanura las casas de la pequeña ciudad de Ille, hacia la que me dirigía.
-Seguramente sabrá usted -dije al catalán que me servía de guía desde la víspera- dónde vive el señor de Peyrehorade... (Fragmento)